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Las voces de Cal y Canto las tenemos metidas en el alma y en nuestra vida, no así el ruido, la música, la megafonía, la acústica y como último factor el equipo de grabación, que si se tratara de este, solo cabría agradecimiento por haberlo hecho llegar a Internet. No obstante deberíamos hacernos mirar el que todo esté en grado óptimo cada vez que actuara el grupo.
A mi me gusta Cal y Canto aunque cantara debajo del agua, pero debemos procurar y desear que sus voces nos lleguen claras y nítidas, y la música también.
Los Jaleos extremeños, que es a lo que más se parece esta presentación, no implica para que lo otro sea llevado con exquisita profesionalidad e interés. Hoy no todo vale, lo que se pueda mejorar hay que mejorarlo. La técnica va por un lado y el corazón por otro.
Espero que aunque parezcan críticas mis palabras se entienda el sentido, el grupo y la afición merecen lo mejor. Y eso es lo que yo deseo.
Diego Levita
La voz enérgica y madura de Cándido de Quintana, el que ha sido, es y será profeta en su tierra;
el brío joven de Antonio Benítez;
el revuelo de Capullo de Jerez y sus bulerías;
y como colofón, la voz templada, suave y aterciopelada, que borda lo que dice y canta, y que no es otro qué nuestro entrañable amigo Miguel de Tena. Aunque hubo de todo, lo que se puede apreciar por la imagen.
Todo ello aderezado por una bailaora de tronío, Manuela Sánchez, y su grupo, que supieron emocionar con su arte y su saber.
Al toque de sus guitarras, tres magníficos maestros, que nos hicieron vibrar 5 inolvidables horas: Diego Amaya,
Antonio Patrocinio (hijo)
Joaquín Muñino
Quiero destacar la unidad del Grupo, Capullo y su gente, con un dominio absoluto del acompañamiento, tanto a las palmas como a la guitarra, por la maestría intachable del amigo jerezano.
En el Grupo de Manuela Sánchez, tenemos entre otros al Duende y a Chiqui, ambos hijos de Cándido, que nos pusieron en situación con los cantes de Bambino, y Pilar a las palmas.
Una noche flamenca donde las haya. El público emocionado, atento como no puede ser de otra manera y aplaudiendo a rabiar con inusitada espontaneidad, aunque no faltaron los cuatro comentaristas de la barra, los de siempre, en dos o tres ocasiones se les aconsejó achantar la muí y así lo hicieron.
Quintana y su Peña no olvidarán nunca su XVII Noche Flamenca.
20 de Agosto 2014
IMÁGENES
| Hace un tiempo, en una Feria Internacional de Arte, la hija de un colega me contó una historia insólita, como mínimo inusual, me dijo que un artista de los que trabajan para su galería, se había revelado como pintor extraordinario después de un sueño y a los casi cincuenta años, y que al cabo de tres años de intenso trabajo alcanzó el mismo nivel que otros artistas con estudios universitarios y muchos años de experiencia. Hoy que le he conocido, he descubierto que se trata de una persona muy peculiar, tiene obcecación por la pintura, y su línea es la hiperrealista, valores que junto a una acusada tenacidad le permiten desarrollar unas obras de superior belleza plástica, dignas de ser comentadas. Es por ello, que sus trabajos empiezan a ser demandados en ciertos ámbitos sociales, representando una garantía para todas aquellas personas que confían en él e invierten en su obra. Paulina, que así se llama la hija de mi colega, me insta a que publique esta historia; me dice que vale la pena dar a conocer estos cambios tan radicales de actitudes y conductas y que la misma historia objeto de desconcierto nos va a sumir más en el misterio insondable de la mente humana, demostrado en los últimos siglos, en la magnánime obra de no pocos genios en todas las ramas del saber Opciones personales importantes que cambian una vida tanto para bien como para mal, es lo que nos lleva a pensar que a veces somos movidos por unos hilos invisibles manejados por una inteligencia superior. Paulina me dice que un día mandará al pintor a mi despacho para que me relate personalmente la historia de su vida, especialmente el hecho que le impulsó a dar el giro de 180º y salir de la mayor de las pesadillas; las “letras” le consumían y estuvieron a punto de quitarle el piso por falta de pago. Por fin un día Pedro, viene a mi despacho, para que nuestra galería le organice una exposición. Me enseña sus pinturas y, francamente pienso que tienen calidad más que suficiente para que llevemos a cabo la mencionada exposición. En un momento de la charla se me ocurre peguntarle que dónde había cursado estudios de arte, a lo que me contesta: me hice pintor después de un sueño, -pensaba que ya se lo había dicho Paulina. Después de conocer sus trabajos y observar con la contundencia que me hablaba del misterioso sueño, me entró más interés todavía en hacerle la entrevista. Quedamos para un día, un mes antes de la exposición y esa mañana en mi despacho nos volvimos a encontrar. Antes de empezar formalmente el relato del sueño me dijo, que tiene un tío en Paris y que es su padrino. -Mi tío está casado y tiene una hija. Desde siempre me ha querido mucho y me ha hecho muchos regalos. En varias ocasiones me ha invitado a su casa. Como es funcionario y tiene un buen, sueldo siempre me invita con gastos pagados. Me gustaba ir a Paris pensando que algún día encontraría la chica de mis sueños. Siempre me iba solo a pasear a la orilla del Sena y donde escuchaba música allí me metía. También me pasaba las horas en los Campos Elíseos, unas veces paseando, otras sentado en un banco, no perdía la esperanza de que un día apareciera mi princesa. Hoy ya tengo cincuenta y cinco años y hasta el año pasado permanecí soltero muy a pesar mío, puede que no sea muy agraciado físicamente pero lo que vale según dicen por ahí es la belleza interior y de eso creo que estoy sobrado. Lo malo es que las chicas nunca aguantaron hasta conocerme por dentro. Gracias a Dios, Maruja mi mujer, goza de especial intuición y supo ver en mí lo que otras no vieron !me emociono¡ -Es normal, Pedro es un pintor que nadie podría imaginar por las vicisitudes que ha pasado en los tres últimos años, es tan natural y está tan integrado en su nueva labor creativa, que cualquiera vería en él a un artista con años de oficio. La realidad es otra y muy distinta. A continuación intentaré desgranar todo lo acaecido hasta el momento en la vida de Pedro y la causa que le llevó a la creación artística. Me cuenta un relato lleno de matices y múltiples requiebros, que finalmente le han puesto en el camino donde siempre debió estar. Me insiste que el cambio de vida que experimentó hace alrededor de tres años, fue motivado, se quiera reconocer o no, por un sueño, ciertamente extraño e inexplicable. Comienza el relato: Me hice pintor después de un sueño. En el sueño fuimos invitados por mi tío mi hermana y yo. Una mañana que mi hermana se fue con mi prima a unos grandes almacenes, yo me fuí como de costumbre a los Campos Eliseos y esta vez sucedió lo que nunca me había sucedido en la vida real. Fue una historia con tintes mágicos. Me veía paseando en Los Campos Elíseos y según paseaba placidamente, mi paseo se vio interumpido por unos gritos y voces, me acerqué corriendo al lugar de donde procedían los gritos y observé a mucha gente alrededor de un estanque mirando al agua, yo no podía entender nada, pero aun con esa sensación de impotencia que yo sentía, en lugar de quedarme observando sin entender lo que pasaba, lancé una voz mas fuerte que las demás y dije ¿Qué es lo que pasa? ¿Me puede decir alguien que es lo que está pasando? Y entonces una de aquellas personas angustiada por la situación parece ser que si me entendió y me dijo: Un niño se ha caído al estanque y se está ahogando. Sin pensarlo un instante me quité la chaqueta, me lancé al agua y buceando como pude vi al niño y lo saqué a la superficie; cuando lo llevaba en brazos observé de pronto a una señora que venía gritando y corriendo hacia mí, me quita el niño violentamente de los brazos y me dice algo que no puedo entender, imagino que sería las gracias. Después me dijeron que era la madre del niño. Lo que sí pude entender fue una fuerte ovación, con aplausos incluidos, pero lo más bonito, lo más tierno para mí, fue el que una joven que permanecía en silencio al lado de los demás se viniese hacia mí y me besara, me quedé estupefacto, por un beso así soy capaz de salvar un niño cada día, pensé. Nada más besarme, en un español entre francés e ingles me dice: Tengo un estudio muy cerca de aquí y deberías venir a cambiarte de ropa o al menos secarte un poco, estás empapado. No me lo pensé dos veces y acepté la oferta. La chica algo más alta que yo, morena, con el pelo castaño y ondulado y un lunar en el pómulo derecho se llamaba Mélody, era americana y también pintora. De camino hacia estudio, me comentó que llevaba viviendo algunos años en París y que de vez en cuando iba a Madrid para ver exposiciones en El Prado o en el Tisen; que era una viajera empedernida, y que por ese motivo se había visto obligada a aprender algo de español. Llegamos al estudio. Me llevé la sorpresa de mi vida, nunca antes había visto tantos cuadros juntos, tanta belleza junta; ocurrió que dentro de la sorpresa noté como si se despertara en mi una sensibilidad y un interés especial por la pintura y los innumerables objetos que tenía ante mí, este ambiente chocaba extraordinariamente con mi vida anterior, nunca yo había pintado y nunca jamás me había encontrado en un lugar semejante. Las tres estancias de aquel apartamento estudio estaban repletas de cuadros, esculturas y objetos de lo más variado, había retratos, bodegones semi-abstractos y un grandísimo y extraordinario paisaje amazónico con una profundidad sobrecogedora y lleno de misterio* Siguiendo el recorrido veo muchas fotografías, seguramente gran parte de aquellos objetos y fotografías, eran recuerdos traídos en los viajes que Mélody hiciera a los cinco continentes. Recuerdo cuando me mostró su último proyecto, en el que estaba trabajando, eran unas pinturas africanas, y digo africanas porque solo veía arena, dunas y más dunas, fue lo más exótico que hasta entonces yo había visto. Eran cielos azules y dunas de un rojo incandescente y una luz naranja cegadora, de un sol también naranja. En uno de ellos había unas figuras muy estilizadas, poco más que insinuadas, en color negro, y otras, en otro cuadro, con unos colores intensísimos, diría yo vibrantes, figuras portando algo en la cabeza, todas ellas se confundían con la luz natural del paisaje que parecía estar ardiendo. Cuanto más me enseñaba Mélody más atónito me quedaba; no podía salir de mi asombro. Nunca pensé que mi visita a Paris terminaría siendo tan emocionante. Una vez visto todo el apartamento, recuerdo que Mélody me hablaba de Venecia, de su último viaje a Venecia en fechas de Carnavales. Mostrándome las caretas que compró hizo que me pusiera una, ella se puso otra, también se puso un traje de época adquirido en una subasta y vestidos ambos de esta guisa, ante el deseo de vivir una nueva experiencia me conminó a que bailásemos. No tuvo que hacer gran esfuerzo pues el deseo era mutuo. Abandonado en los brazos de ese ángel, era tal la embriaguez de gozo que sentía que me resultaba imposible permanecer consciente, mi yo hacía tiempo que me había dejado, los movimientos se sucedían con total ausencia de gravedad, danzábamos y danzábamos como pavesa a merced del viento, el tiempo no existía o parecía detenido, solamente el deseo de permanecer en un abrazo eterno acercaba nuestros cuerpos más y más; la música no cesaba de sonar, desde el lugar en que nos encontrábamos era apenas audible, afortunadamente esta misma música fue el dato revelador de que aquel abrazo se prolongó largamente, hoy pienso que mi subconsciente no quería devolverme a mi negra realidad. Cuando quisimos darnos cuenta nos encontramos tendidos en un diván, no hicimos el menor intento en cambiar de posición. En ese mismo diván ella descansaba los días que no se iba a casa. Todas estas últimas escenas que recuerdo del sueño, estaban edulcoradas con una música de acordeón deliciosa, una música con efectos trasgresores de la conciencia. Música igual o similar fue la que terminó despertándome. Casualmente cuando desperté mi mujer tenía puesto un disco de vinilo que trajimos en el último viaje a París. Lo compré después de haber oído en vivo, a la orilla del Sena, la misma música de acordeón, típica de Paris, que me llegó al alma. Ahora me planteo ¿Qué sería antes, el sueño y después la música que me despertó, o la música, y que esta diera origen al sueño por los buenos recuerdos que traía de mis viajes a París? Este despertar fue el más triste de mi vida, con él volví a la realidad desesperanzadora que estaba viviendo, mi trabajo cada día era menos demandado por mis clientes, y cada día me costaba más llegar a final de mes. Así que tocado por ese sueño, no sé si venido del cielo por lo sublime, me vi arrastrado a tomar una decisión. Los días siguientes vivía como en una nube, no quería ni debía aceptar mi drama profesional, mi triste realidad estuvo a punto de convertirse en tragedia y eso tenía que evitarlo. Al mismo tiempo, en algunos momentos, mi vida se tornaba de un gris más claro siendo más llevadera, todo gracias al eco de aquel grato recuerdo que volvía de forma intermitente a mí cabeza como tabla de salvación. Inevitablemente seguía obsesionado con aquellas imágenes del sueño, lo que me traía paz y sosiego a esa situación de incertidumbre y desesperación. Se hicieron tan persistentes las mismas imágenes en mi mente, que llegué a considerarlas el preludio de un gran cambio. Me hicieron presentir que algo hermoso me iba a suceder. Aquel sueño tenía que venir precedido de algo real y bastante mejor de lo que estaba pasando en aquellos últimos meses. Uno de esos días al levantarme y no saber que hacer, como en los anteriores, volvieron las mismas imágenes, y como yo me aferraba al sueño desesperadamente con el deseo de descifrar un posible mensaje, ello me trasladaba al mismo escenario vivido. Era tal mi obsesión que esta vez me pareció oír de nuevo a mi princesa, mi amor siempre deseado, mi amor imposible. Era la voz característica y firme de Mélody que me decía: Si tan impresionado quedaste al ver mi pintura, no te hundas ahora y ponte a pintar. ¡Pinta! ¡Pinta! ¡Pinta! Y así en alguna ocasión más. Fue esta voz angelical la que me hizo tomar la decisión de iniciarme en este absorbente y mágico mundo de la pintura ¡Como no hacer caso! mi fascinación y dependencia era total a las benditas secuelas del sueño. Por ello en este mismo instante decidí aprovechar ese halo de inspiración y ponerme a pintar Los días que no tuviese otro trabajo que hacer solamente pintaría. Y de esta manera empezó a cambiar mi vida. Un sueño de esta naturaleza, con esa carga emocional es difícil que no deje honda huella. Así que compré el material adecuado y me puse, en un principio a dibujar retratos a lápiz y después al óleo; los progresos no se hicieron esperar; me sentía cómodo; no representaba un trauma para mí el haber cambiado de actividad. Más tarde, como digo, cometí la osadía de empezar con el óleo y los resultados están a la vista. Ya va para cuatro años y esto que presento hoy en la Galería Virtual … es lo último que he hecho. Prácticamente en la actualidad me dedico solo a pintar, soy inmensamente feliz, y ahora he comprendido la fantasía que envuelve toda actividad plástica. La aparente realidad de mi sueño, sin serlo, trastocó mis planteamientos de vida anterior, no por ello olvido que siempre la realidad supera a los sueños. Este mundo real en el que me encuentro hoy, es la fuente de sueños por excelencia, no solo porque los vivo en primera persona, sino porque de manera indirecta hago que los vivan la gente de mi entorno. -Por extraña que parezca esta historia, la realidad y la paradoja está en el alto nivel de calidad de los trabajos de Pedro en tan poco tiempo de experiencia. No obstante, yo no opino, me limito a transcribir el relato de un hombre que cambió su vida a partir de un sueño, y según sus palabras es ahora cuando está viviendo el sueño verdadero. Diego Caballero *Según me lo contaba Pedro recordé los paisajes de Armando Morales, pintor de Honduras. Derechos de autor registrados.
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El verdadero amigo y quien mejor entiende a una guitarra flamenca es el cantaor flamenco.
Tres amigos que, aunque unidos por el sentimiento, no siempre se reconocen cuando se ven, pero si cuando se oyen.
Cuando una guitarra en el silencio de la noche toca por fandangos, su inquebrantable amigo el cantaor le responde dando señales de que le ha entendido.
La vida un día nos lleva a un recinto lleno de gente, todo el mundo contando sus pesares, sus rutinas, lo que fueron y lo que son, las fiestas pasadas y las próximas… De entremedio se alza una voz desgarradora que empieza a cantarnos su tragedia de amor; unos se callan y ponen atención, otros siguen contándose sus cosas: no comprenden la pena de este hombre, solo una guitarra, desde un rincón del salón, conoce esta forma de sufrir intentando trasmitir su dolor, y a través sus notas llora con él, y le dice: yo te comprendo, cuéntame tus penas y repartámonos tu dolor; ella, que conoce perfectamente esa forma de contarlo, le acompaña en su soledad anunciando al mundo el drama vivido: la letra, el quejío, la nota, todo ello nos habla de la profundidad de una herida, nos dice que el corazón no puede sangrar más, que ya solo queda dolor y un triste recuerdo que no se puede olvidar, no hay forma de reparar aquella cicatriz.
Los tres juntos se comprenden y lloran hoy, otro día cantarán las alegrías de una boda, de un cumpleaños, de un bautizo… El guitarrista siente el mismo dolor o la misma alegría, pero no lo puede expresar solo, su compañera inseparable, amiga del alma, es su expresión, es el vínculo que facilita el abrazo virtual de la comprensión entre los tres.
Se quieren tanto, porque saben la necesidad que tienen el uno del otro de trasmitir sus cuitas y sus alegrías. Aun entre gente respetuosa, entendida y sensible como la afición de Campanario, reconociendo que casi todos sabemos de que estamos hablamos, los que de verdad se entienden son ellos: cantaor, guitarra y guitarrista. El palo que expresa la guitarra la entiende el cantaor, la historia que canta el cantaor la entiende la guitarra, en esta intima comunicación el maestro guitarrista apremia a la guitarra para que hable con nitidez en el mismo tono que el compañero, deseando sacar el duende que lleva dentro y que lo cuente todo: unas veces penas otras alegrías, otras soledades en la tierra mía, otras colombianas del pasado que no vuelve y otras agonías de la vida por lo que tienen de negrura; oficios que te hunden en la congoja o te ensucian: vidas de mineros, poceros, carboneros… Estos profesionales pocas alegrías pueden cantar en su día a día, para ello está el cante de las minas, mirándose en él nos pueden contar su drama. El martillo y el yunque nos hundirá a todos, aunque solo sea por un momento, en las penurias de sendos trabajos.
Para cantar a los cuatro vientos las suertes o las desgracias, dos corazones, una voz y una nota, te dicen que algo está pasando y por si tú no lo sabías te lo dicen cantando; que el trabajo es duro, al hermano que le han echao del curro, que la novia se fue con otro, que el matrimonio se ha roto, que has tenido un accidente y te has quedado sin el camión de la chatarra. Todo esto se cuenta, pero el que sabe cantar lo canta.
Cada palo, cada compás, se presta mejor a canalizar ese modo de sentir de cada uno, por eso el protagonista: víctima o intérprete, elige aquel palo que mejor le ayuda a dar a conocer el fracaso o la victoria. La vida está llena de caídas y vuelta a empezar, unos se lo callan y otros lo cantan.
Y para terminar recordemos que muchos de nosotros nos podemos comunicar por gestos incluso a una distancia, pero la comunicación de estos tres singulares amigos, ha de ser por la voz y la nota, partiendo inexorablemente de un oído magistral que les lleva a responder con acierto: en tiempo, tono y letra.
DC Levita
Pueblo extremeño
Me gusta mi pueblo
porque en él se escucha el silencio.
Silencio profundo
apenas roto por el leve piar de unos pajarillos.
Es la hora de la siesta.
La gente duerme plácidamente
mientras en la calle no se ve un alma.
A la fuerza ahorcan.
Los 43 grados a la sombra
nos trajeron esta sana costumbre de la siesta.
Me gusta mi pueblo.
Tenemos una piscina municipal,
que dejando de lado
los mordiscos de las hormigas rojas que pululan por el césped
es una delicia.
Su largura y profundidad,
permite nadar con soltura y placer.
La frondosidad de sus árboles,
nos proporciona más sombra de la necesaria.
Me gusta mi pueblo.
Este año, una vez más,
han venido unas golondrinas
que al parecer son biznietas
de las que venían cuando yo pequeño.
Apenas nos comunicamos con ellas
ni ellas con nosotros.
Intuimos por sus cánticos y aleteos, mucho regocijo
y que están agradecidas,
porque un año más no les cobraremos el hospedaje.
Se han encontrado la cama hecha
como la dejaron el año pasado.
A nosotros también nos reconforta
que les guste el alojamiento y vuelvan,
de esta forma nos alegran con sus trinos.
Me gusta mi pueblo.
Ya los agricultores han recolectado la mies.
Los fabricantes de tresillos cogerán las vacaciones
y los granjeros de cerdos ibéricos seguirán con su rutina día a día.
Las autoridades municipales están dando los últimos retoques
al programa de las fiestas estivales.
Anoche, por cierto, vi con sorpresa y no menos alegría,
la banda municipal con sus 70 jóvenes miembros actuando en el parque.
Nos deleitaron con una restragilá
de bonitas piezas musicales.
Algunas de ellas arregladas por su distinguido Director.
Banda y público acudimos a la cita
en el lugar más emblemático, “El parque”
Reformado como no podía ser de otra forma.
Me gusta mi pueblo.
Miro al campanario de las monjas,
a ese campanario tan singular por su forma,
muy propia de su época.
Mudéjar, como así se llama su estilo arquitectónico,
hoy se conserva como una joya de su tiempo.
Quizá haya sido el craquear de sus cigüeñas
o esas imágenes de verlas dormidas sobre una pata,
lo que ha dirigido muchas veces nuestra mirada a la torre,
cautivándonos su forma y su ladrillo visto.
Desde niño he seguido oyendo ese mismo craquear
desde mi corral, también conocido popularmente
como hacer el gazpacho.
Tristemente, tengo que decir, que estas cigüeñas que también se dejaron
la cama hecha un día, cuando volvieron al próximo año encontraron la puerta cerrada y han tenido que cambiar de pensión, o sea de torre.
No por ello dejo de de seguir mirando y esta vez de forma retrospectiva.
Me sitúo en el interior del convento, con báby, sentado en un banco,
Con sólo 4 añitos.
¡Que tiempos aquellos! Ya existía el torno.
Hoy parece que no han pasado mis casi 60 años.
Es extraña la sensación que tengo.
Veo el cambio que ha experimentado Campanario
en sus casas, calles y plazas, desde el año 50,
y no imagino ese mismo cambio ni nada que se parezca
en el interior del convento y sus patios.
Sus paredes rezuman “fe” la “fe” que nuestros antepasados
se gloriaron en transmitirnos.
Me gusta mi pueblo.
Se dice que por orden Episcopal
los dos sacerdotes que ofician los actos religiosos,
nos dejarán en septiembre.
Fecha en que nos enviarán otro sacerdote
para hacerse cargo de la parroquia.
Mucha fe hay que tener para enfrentarse solo
a un pueblo con tanta gente.
Mi pueblo, sin ser profundamente religioso,
asiste con devoción y respeto a todas las celebraciones.
Su patrona la Virgen de Piedra Escrita,
ya se encarga de mantenernos unidos en una misma fe.
Dios quiera que el próximo cura,
se adapte al sentir del pueblo
y el pueblo acepte la actual crisis
de vocaciones sacerdotales. Con todo ello…
Me gusta mi pueblo.
La fiebre de las viñas. El que no tiene una viña no tiene ná.
La caldereta se ha hecho popular.
La gotita de vino, los chascarrillos y los comentarios,
un día en mi viña y otro día en la tuya.
Que no decaiga la amistad sana y las buenas costumbres.
El vinito de pitarra que no falte.
Si no tengo bastante uva, la mezclo con la del vecino
y hacemos el estrujón a medias.
Los ibéricos y el jamón de huerta no faltará quien lo ponga.
Y como no podemos pasar dos días de espaldas a Dios,
nos llevamos un Santo, San Valentín,
al que pedir su protección y ayuda, como mínimo en el viaje de ida y vuelta.
¿Cómo no celebrar un día al año una romería en su honor
por las gracias recibidas?
El dicho de que la Iglesia, a lo largo de la historia,
adoptó fiestas como suyas cambiándoles el sentido y haciéndolas religiosas,
se volverá a repetir dentro de 500 años.
Y no dirán que esta fiesta-romería y la construcción de una ermita,
ha tenido su origen por aclamación popular.
Me gusta mi pueblo.
En los últimos años y viendo que el campo no da pa más,
se han creado nuevas empresas, del mueble,
del queso y de la crianza porcina
y un polígono que se vislumbra
a la izquierda de la Huerta Jerez.
Que Dios nos pille confesaos
si la gente se pasa al Corán,
si la leche de oveja produce colesterol,
o si se impone el minimalismo
y nos da por sentarnos en un cojín.
Me gusta mi pueblo.
Me gustaría que las distintas facciones políticas
se reconciliaran, redujeran tensiones, trabajaran unidas
y más que pensar en “de donde venimos”
se pensara en el “adonde vamos”.
Esto solo se consigue si el recuerdo de las dos Españas
que planea sobre nuestras cabezas,
se mete en un cajón y se tira al fondo del mar.
El pueblo que recuerda su pasado, está condenado a repetirlo.
Aun así,
Me gusta mi pueblo.
Diego Caballero “Levita” 17/7/06


















































































